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De Villalobos a Bukele: una cadena de purgas en el FMLN

Fotoarte: Manuel Jacinto.
De Villalobos a Bukele: una cadena de purgas

El FMLN de postguerra ha sobrevivido al caos. Llegó al poder en 2009 con un historial de purgas en la espalda. Cuando todo indicaba que había dejado esas prácticas en el pasado, un nuevo cisma podría acabar con su hegemonía en el Gobierno. El FMLN tiene sus cartas. Pero, para muchos, con la expulsión de Nayib Bukele el partido cavó su tumba política.

Roberto Lorenzana subió al estrado y comenzó a despotricar contra los reformadores. Estaba eufórico. Cada una de sus frases recibía una tormenta de gritos y aplausos. Su discurso fue un glosario de reproches. Culpó a los reformadores por el fracaso de la elección presidencial. Los acusó de haber derechizado el proselitismo del FMLN. Les criticó la mala administración del dinero de la campaña. Cuando bajó de la tarima, Schafik Hándal lo recibió con palmadas en la espalda. Era 9 de mayo de 1999.

Dos meses antes, Facundo Guardado, líder del movimiento renovador, había perdido la elección presidencial contra el candidato de ARENA, Francisco Flores, por más de de 200 mil votos. La hora de pasar la factura había llegado. Y ocurrió en la IX Convención Extraordinaria del FMLN, realizada en un polideportivo de Santa Tecla. Los ortodoxos, encabezados por Schafik Hándal y Salvador Sánchez Cerén, querían recuperar el poder del partido. Para ello era necesario dar un golpe estratégico.

Lorenzana fue implacable. Además de criticar la derrota electoral de la fórmula compuesta por Facundo Guardado y Nidia Díaz, pidió una auditoría para conocer el destino de los 14 millones de colones  que el FMLN había gastado en la campaña presidencial. Reprochó, por ejemplo, que las municipalidades solo habían recibido 600 mil colones para hacer proselitismo.  También cuestionó el pago de una fuerte cantidad de dinero a un equipo de consultores estadounidenses que, a su criterio, no habían ayudado en nada.

En esa convención hubo de todo. Gritos, reclamos, insultos. Reformadores y ortodoxo se batieron a palabras. Facundo Guardado subió a la tarima. Vestía una camisa roja y un jeans azul. Trató de dar explicaciones, pero su discursó quedó sintetizado en una sola frase: “Al Frente le ganó el Frente”. Su tesis era que los ortodoxos lo habían boicoteado, que lo habían dejado solo, que no se habían comprometido en los municipios y departamentos que gobernaban. Ese día no rodaron cabezas. Pero ocurrió tiempo después.

El pleito entre reformadores y ortodoxos tenía su origen en la elección de la fórmula presidencial del FMLN. Los rostros fuertes eran Héctor Silva y Victoria Marina de Avilés. El primero era apoyado por los renovadores y la segunda por los radicales. La tensión aumentó a finales de 1998. Las pugnas y conspiraciones se hicieron evidentes y surgieron malestares.

Cierta noche,  Héctor Silva y  Facundo Guardado se reunieron en una casa particular para discutir la posibilidad de que el primero renunciara a la precandidatura presidencial.  Pero amaneció y no llegaron a ningún acuerdo. Al siguiente día, en una entrevista matutina, Héctor Silva anunció que deponía su precandidatura a la presidencia de la República. Eso significaba dejar el camino libre a la fórmula de los ortodoxos.

Fue entonces que Facundo Guardado convenció a Nidia Díaz para competir en la convención contra la fórmula ortodoxa. Y ganaron. En una nota publicada en El Diario de Hoy a mediados de 2004, Francisco Jovel, quien apoyaba a los renovadores, recordó aquellos días en que comenzaron a trabajar casi de manera improvisada, con la mitad de la estructura partidaria, sin el apoyo de los ortodoxos. Esos reclamos los hicieron en la convención de mayo de 1999.

Pero el estallido ocurrió tras los terremotos de enero y febrero del 2001. Por esos días Facundo viajó a España junto a una comisión gubernamental que fue a solicitar ayuda para la reconstrucción del país. Pero cometió un error: viajó sin la autorización del partido. Eso le valió la expulsión definitiva el 1 de octubre de ese mismo año. La Secretaría Nacional de Organización del FMLN informó a los medios de comunicación que Guardado había sido expulsado por “haber violado flagrantemente el Reglamento Disciplinario, la Carta de Principios y Objetivos y los Estatutos del Partido”.

Los primeros desterrados

En el congreso efemelenista de 1994, los discursos de Joaquín Villalobos y Eduardo Sancho, dos líderes históricos del partido, fueron silenciados con insultos y silbatinas. Ni siquiera terminaron de hablar. Fueron acallados, marginados e ignorados por los adeptos de Schafik Hándal y Salvador Sánchez Cerén. Esa fue la primera gran crisis del FMLN de postguerra.

¿Cuáles fueron esos planteamientos que incomodaron a los dirigentes ortodoxos? Villalobos y Sancho propusieron una apertura democrática que permitiera un pluralismo de pensamiento. Esas ideas tenían el respaldo de otros importantes dirigentes como Ana Guadalupe Martínez, Juan Ramón Medrano y Jorge Meléndez. Pero no tuvieron eco. Fueron aplastados por los ortodoxos.

Años después, en una nota publicada en El Diario de Hoy, Ana Guadalupe Martínez recordó que al final se cansaron que en el mismo partido los tildaran de “vendidos” y  “antirrevolucionarios” solo por hablar de ideas socialdemócratas. Poco tiempo después concluyeron que habían perdido la batalla ante un ambiente de eterna confrontación y de desprestigio.

En una entrevista con La Prensa Gráfica, publicada en agosto de 2004, Eduardo Sancho detalló que otra de las propuestas fue que los líderes históricos pasaran a un segundo plano, que jugaran un papel de asesores. Eso tampoco fue bien visto. Al final terminaron rompiendo con el partido.

En el ensayo titulado Del miedo a la ingobernalidad, la salvadoreñización de Colombia, publicado en agosto de este año, Joaquín Villalobos explica el debate de ideas que acabó en la primera ruptura del FMLN: “El pensamiento socialdemócrata, que acepta la democracia y el mercado, tenía en la etapa final de la guerra simpatizantes en todos los grupos, incluso en el Partido Comunista. Los comunistas en sentido estricto eran en realidad una minoría y durante la guerra fueron poco relevantes. La primera disidencia dentro de la exguerrilla hacia el centro izquierda se produjo paradójicamente en el Partido Comunista con la separación de Mario Aguiñada, dirigente del brazo electoral de los comunistas; seguidamente Joaquín Villalobos, autor de este ensayo y dirigente del grupo militarmente más importante de la insurgencia, abandonó al FMLN luego de proponer renunciar al marxismo, abrazar la socialdemocracia, llevar un candidato no partidario a la presidencia y criticar abiertamente a los comunistas y a Cuba”.

Luego agrega: “Posteriormente, seis grupos más y sus dirigentes se salieron o fueron expulsados del FMLN hasta que este quedó en total control de los comunistas. Los grupos de centro izquierda no pudieron hegemonizar en el FMLN, primero porque la mayoría de los dirigentes con posiciones no marxistas prefirieron aliarse con los comunistas que enfrentarlos y, segundo, porque Cuba se involucró en la lucha interna para asegurar que los comunistas tomaran control”.

La reciente purga

De 2006 a 2016, el FMLN ha vivido sus mejores momentos. En 2009 ganaron la primera elección presidencial y en 2014 la segunda. Y aunque hubo diferencias y disidencias, no existieron crisis de grandes dimensiones como en el pasado. Pero, de pronto, apareció Nayib Bukele, un político con evidentes aspiraciones presidenciales que saltó al escenario político en 2012 tras ganar las elecciones municipales en Nuevo Cuscatlán. Bukele logró popularizar su imagen en poco tiempo. Su estrategia radicó en aprovechar la efervescencia de las redes sociales. Tres años después fue promovido para la alcaldía de San Salvador, compitió y ganó. Pero luego comenzó a criticar al partido. Lo comparó con ARENA. Llamó corruptos y oligarcas a los principales dirigentes. El estallido fue decir que El Salvador no tenía presidente. Entonces le hicieron un proceso interno y lo expulsaron. La esencia de la acusación fue que Bukele quería tomarse el partido. Para muchos esa ruptura significó el suicidio político del partido. Para otros es un proceso más para limpiar al FMLN de personalismos y mesianismos.
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