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Los niños y la guerra por Jorge Ramos

Residentes sirios muestran fotos de algunos de los niños afectados durante el ataque químico de la madrugada del 4 de abril. Getty Images
Es loable, sin duda, la defensa de Trump de los niños sirios. Pero la gran ironía es que esos mismos niños y sus familiares que fueron atacados por el régimen de Bashar al-Assad no podrían entrar como refugiados a EEUU si se pusiera en práctica la prohibición de vuelos propuesta por Trump”. Todo comenzó con los niños. Las imágenes son espantosas. Una muestra a por lo menos seis niños muertos, con los ojos abiertos, luego de un ataque con armas químicas en el norte de Siria. En otra, un padre está cargando en ambos brazos los cuerpos de sus gemelos recién fallecidos. Y en varias más hay menores de edad, apenas moviéndose, aferrándose a la vida con cada respiro.

Esas son las imágenes que acabaron por convencer al presidente Donald Trump de que tenía que atacar al régimen del dictador Bashar al-Assad. "Incluso hermosos bebés fueron asesinados cruelmente en este ataque barbárico", declaró Trump horas antes de ordenar el bombardeo contra Siria. "Ningún niño hijo de dios debe sufrir ese tipo de horror."

A Trump siempre le pareció una señal de debilidad que el expresidente, Barack Obama, no hubiera cumplido su amenaza de atacar a la dictadura siria si
usaba armas químicas. De hecho Bashar al-Assad cruzó esa "línea roja" en agosto del 2013 cuando unas 1,400 personas murieron por gas sarín a las afueras de Damasco, la capital. Un reporte indica que murieron 426 niños en ese ataque.

Trump hizo lo que Obama no quiso hacer y ahora está metido en uno de los conflictos más complicados del mundo. Siria es un país hundido en los últimos seis años en una terrible guerra civil, con un brutal dictador hijo de otro brutal dictador. Rusia e Irán apoyan al gobierno sirio en su lucha contra un desorganizado pero insistente grupo de rebeldes.

Además, hay una fuerte presencia del grupo terrorista ISIS en el territorio. Todo esto ha generado la muerte de más de 250,000 personas. Al menos cinco millones de sirios han huido como refugiados a naciones vecinas, según la ONU.

En ese polvorín se ha metido Trump. Si quiere seguir la llamada Doctrina Powell tiene que explicarnos cómo Siria amenaza la seguridad nacional de Estados Unidos y cómo piensa salirse de ahí luego de los bombardeos.

Estados Unidos actualmente ya está involucrado en dos guerras, Irak y Afganistán. Obama, como vimos, evitó durante ocho años el meterse en otro conflicto militar a pesar del desafío que le planteó el gobernante sirio y de las recomendaciones de algunos de sus asesores. Pero Trump, en el tercer mes de su presidencia, ya está metido en el lugar más complejo del planeta.

Ya dio el primer paso y ahora no hay decisiones fáciles. Insistir en la salida del dictador sirio implicaría, si cae, un enorme vacío de poder. ¿Está dispuesto Estados Unidos a cambiar de régimen en Siria y encargarse de crear un nuevo gobierno de transición?

Además, la prioridad de Trump durante la campaña nunca fue terminar con la dictadura siria sino el destruir al grupo ISIS y evitar nuevos ataques terroristas en Estados Unidos y contra estadounidenses en el extranjero. Una nueva guerra en Siria cambiaría radicalmente la agenda de su gobierno y obligaría a gastar billones de dólares que tanto se necesitan en escuelas, infraestructura y seguros médicos.

Es loable, sin duda, la defensa de Trump de los niños sirios. Pero la gran ironía es que esos mismos niños y sus familiares que fueron atacados por el régimen de Bashar al-Assad no podrían entrar como refugiados a Estados Unidos si se pusiera en práctica la prohibición de vuelos propuesta por Trump. Esa prohibición en contra de los ciudadanos de seis países, incluyendo Siria, está atorada en las cortes.

Para los opositores de Trump, lo que está ocurriendo es un escenario de pesadilla. Claramente no confían en la personalidad irascible y cambiante del presidente. Pero, en momentos de un conflicto bélico como este, es difícil para ellos criticar públicamente al comandante en jefe.

Aquí es cuando la credibilidad del presidente es vital. ¿Cómo confiar ahora en Trump cuando en el pasado ha mentido abiertamente sobre el lugar de nacimiento de Obama, sobre la votación de tres millones de indocumentados y sobre el supuesto espionaje ordenado contra la Torre Trump, entre muchas otras falsedades?

No se le puede creer a Trump en esos temas. Pero ¿se le puede creer sobre Siria? Es, al final, una cuestión de confianza. ¿Le crees al presidente lo suficiente como para apoyarlo en caso que decida comenzar una nueva guerra?

Todo esto es nuevo para Trump y para nosotros.

Jorge Ramos es periodista (Univision)
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