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LAS PROFUNDAS RAICES DE LAS VIOLENCIAS EN EL SALVADOR


Dr. Víctor M. Valle

En días pasados, a propósito de un artículo sobre niños sacrificados en el patíbulo social, ofrecí escribir sobre las que, en mi opinión, son las raíces de las violencias en El Salvador.

El 16 de enero de 1992, en El Castillo de Chapultepec, el presidente Alfredo Cristiani en su discurso oficial en la ceremonia de la firma de los Acuerdos de Paz, dijo: “. . . la crisis en que se vio envuelta la nación salvadoreña en el último decenio (se refería al decenio de la guerra civil) no surgió de la nada, ni fue producto de voluntades aisladas, esta crisis tan dolorosa y trágica tiene antiguas y profundas raíces sociales, políticas, económicas y culturales en el pasado. . . “

En efecto, esa crisis nos llevò a la violencia, dolorosa y trágica de la guerra civil. La violencia es un fenómeno que ha acompañado a la humanidad desde sus albores. Todo tipo de violencia implica daño que una persona perpetra a otra haciendo uso de la fuerza o de la superioridad de una posición de poder.
En otras palabras, la violencia es una acción humana por la cual una persona somete o daña a otra por medio del uso de la fuerza superior que posee.

Desde el momento histórico en el que un sector de la sociedad se impuso a otro se ejerció la violencia, lo cual, en una reacción de autodefensa, generó otra forma de violencia, del que se resistía a aceptar la imposición por la fuerza.
Pensadores diversos, entre ellos el noruego John Galtung, determinan tres tipos de violencia:
• Violencia directa basada en una agresión destructiva hacia una persona o colectividad;
• Violencia estructural, centrada en los condicionamientos sociales que impiden la satisfacción de necesidades para todas las personas;
• Violencia cultural que se da como un trasfondo de actitudes de individuos que aceptan y legitiman la violencia en la sociedad.

La violencia directa es casi siempre un resultado natural de la conjunción de la violencia estructural y de la violencia cultural. En un ambiente deprimido social y económicamente los individuos son víctimas de violencia estructural y, desde su interior, despliegan conductas que los llevan a ser agresivos con sus semejantes en un medio donde la violencia tiene aceptación social: el machismo, la vida no vida no vale nada y otras expresiones muestran estas interrelaciones.

Otra manera de conceptuar la violencia la da la Organización Mundial de la Salud (OMS) que la ha definido como: “El uso intencional de la fuerza o el poder físico, de hecho o como amenaza, contra uno mismo, otra persona o un grupo o comunidad, que cause o tenga muchas probabilidades de causar lesiones, muerte, daños psicológicos, trastornos del desarrollo o privaciones”.

Esa definición de la OMS permite una tipología sencilla de las violencias así:
• Violencia auto-infligida, por medio de la cual el daño a uno mismo puede llevar al suicidio.
• Violencia interpersonal que puede ser intrafamiliar, cuando se da entre familiares, o comunitaria, cuando se da entre individuos sin parentesco, y la
• Violencia colectiva, que puede ser social, política o económica.
Las violencias se entrelazan con el fenómeno social de la delincuencia que, en El Salvador, tiene a los habitantes muy agobiados. Toda delincuencia es violenta y un acto de violencia evoluciona hasta ser delito. Hay formas de delincuencia que engañan por las apariencias como son los delitos de cuello blanco y la corrupción de los poderosos del sector público y privado; pero en todo caso son expresiones de abuso de poder y fuente de violencias.
En cualquier categoría de las tipologías mencionadas se puede encontrar un ejemplo concreto en El Salvador. Y eso es grave.

Pero más grave aún es el hecho de que la violencia es un fenómeno mundial que ha hecho estragos en los últimos 100 años o más.
Piénsese en los genocidios de armenios, de judíos, de Ruanda, de Camboya, en las letales guerras mundiales, en las hambrunas de Biafra, en las guerras de liberación e independencia, principalmente en África y Asia, en las guerras civiles de América Latina, y, en los tiempos recientes, el conflicto sirio, las matanzas en Egipto y Libia, la masacre en Gaza, las guerras en Ucrania, Iraq y Afganistán, en la carrera armamentista y el arsenal nuclear, principalmente de la grandes potencias, y en la irrupción de la delincuencia organizada trasnacionalmente en la sociedad de todos los países.

El Salvador tienen su historia específica y la sociedad anhela disminuir y erradicar las violencias. La historia del país ha propiciado que, en El Salvador, se den todas las clases de violencias conocidas, en entrelazamiento con una delincuencia cruel, devastadora y con nexos con organizaciones transnacionales del delito y son un desafío frontal para dirigentes políticos y sociales interesados en tener un país desarrollado, de buen convivir y seguro.

Los anhelados acuerdos nacionales en asuntos estratégicos, en materia de seguridad y paz social, deben partir del reconocimiento de cuáles son las raíces profundas de nuestras violencias y nuestra delincuencia. A manera de proposiciones, enumero unas que, entrelazadas, nos han llevado a la situación actual:
1. Menosprecio social por los humildes y discriminación racial desde tiempos de la colonia y de los primeros años de la República hasta la actualidad.
2. Sobreexplotación de los trabajadores.
3. Régimen político diseñado para la represión y la contención de los movimientos sociales y populares a través de los estamentos estatales armados.
4. Elites del poder económico voraces para acumular ganancias y renuentes a pagar impuestos justos.
5. Educación estéril y alienante alejada de ser un instrumento para el desarrollo pleno y carente de valores humanitarios y de solidaridad.
6. Modo de vida consumista, superficial y alejada de la práctica de valores humanitarios.
7. Dirigencias políticas y sociales proclives a la superficialidad, a la corrupción y a la ilegalidad
8. Debilidad de las instituciones del Estado para prevenir y punir la delincuencia.

Cada uno de los factores mencionados tiene atributos para ser discutido y desarrollado de manera más amplia. Baste decir, por de pronto, que esos ocho factores-raìces nos han llevado a tener un país con muchas violencias que impiden la organización de país justo, desarrollado, armonioso y solidario.

Las raíces de las violencias nos han dado como resultado un cuadro muy enredado en el tejido social de El Salvador.
Las violencias golpean todos los días en asesinatos crueles, asaltos en los buses, robos y hurtos por doquier, atracos a mano armada, maltrato intrafamiliar, familias destrozadas, burócratas altaneros e ineficientes, empresarios ineficientes que no respetan al ciudadano consumidor, tensiones entre vecinos, extorsiones de pandillas, traficantes amenazantes e impunes, altos niveles de pobreza y privaciones, mortalidad infantil, deterioros acelerado de la salud de adultos mayores pobres, basura regada por todos lados, ambientes contaminados, choferes mal educados y matones , personas corruptas en el sector privado y en el público….en fin.

Eso es lo que ha dado a la sociedad salvadoreña la historia de violencias en nuestro país. Claro, hay bolsones de desarrollo y confort en condominios de viviendas y centros comerciales que nos hacen soslayar el foco central de los grandes problemas.

Es tiempo de emprender una cruzada consensuada, frontal e integral para aliviar estos males, para construir una sociedad nueva pero ojalá sin que se cumpla el conocido postulado de Karl Marx:
“La violencia es la comadrona de toda sociedad vieja que lleva en sus entrañas otra nueva. Es, por sí misma, una potencia económica“.
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