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Nueva ola de desaparecidos en El Salvador



Familiares de Juan Martín López colocan la foto del hombre en el tablón de información en el Instituto de Medicina Legal. Yurina Melara / La Opinión

Nadie sabe con exactitud cuántos son, pero la lista de las víctimas de la violencia crece.

Yurina Melara Valiulis / Enviada Especial |

Primera parte de una serie

SAN SALVADOR, El Salvador.- Xavier Geovanni Mejía Soto, de 20 años de edad, salió a comprar leche y pan para el desayuno alrededor de las 7 de la mañana a la tienda que está a la vuelta de su casa, en Las Margaritas, Soyapango. Eso fue el 6 de agosto del 2010 y nunca regresó.

Ingrid Carolina Rodríguez, de 20 años de edad, salió a las 8 de la noche del 19 de octubre del 2011, a reunirse con unas amigas en el Centro de San Juan Opico. A las 10:30 p.m. le envió un mensaje de texto a su padre avisándole que se le hizo tarde, pero que ya iba en camino. Desde ese día la están esperando.
Un compañero de trabajo de Martín de Jesús Durán Oliva, un policía que trabaja transportando prisioneros, lo dejó en el centro comercial Metrocentro, en San Salvador, el 26 de junio del 2010. Nadie lo ha vuelto a ver. Su esposa aún lo busca, pero no hay rastro de su paradero.

Estos tres casos son solo una pequeña muestra de los cientos de personas que se contabilizan entre los nuevos desaparecidos en El Salvador.
Según un registro que inició el Instituto de Medicina Legal de la Corte Suprema de Justicia hace aproximamente 17 meses, unas 165 personas desaparecen mensualmente en el país.

Lo que representaría cerca de 3,000 personas desaparecidas. Pero la situación se ha agravado durante el transcurso de este año, cuando el Instituto de Medicina Legal recibió 692 casos en los primeros cuatro meses de este año, representando un 8% más que en el mismo periodo de 2011, según Notimex.

Aunque el gobierno ha señalado que tras la tregua negociadas entre las pandillas la situación no ha empeorado.

El fenómeno provocó que hace unos meses, la Iglesia Católica salvadoreña hiciera un llamado a las autoridades para poner énfasis en la búsqueda de estas personas. El pasado 20 de mayo realizó una conferencia de prensa para hacer pública la grave situación por la que atraviesa el país. Incluso instó al gobierno salvadoreñó a solicitar ayuda internacional para hacerle frente a este problema de inseguridad nacional.

El tema de los desaparecidos no es nuevo para los salvadoreños. Se calcula que durante los años de la Guerra Civil, entre 1980 y 1992, desaparecieron en el país centroamericano miles de personas. Datos históricos revelan que un total de 75,000 personas murieron o desaparecieron durante ese periodo.

Las circunstancias actuales obligaron al Departamento Académico y Estadístico del Instituto de Medicina Legal ha llevar el conteo extraoficial de víctimas, aunque su jefe técnico reconoce que el mismo no es un centro de denuncias, por lo que se estima que las víctimas son muchas más de las ya conocidas. "Ellos (los familiares) van y presentan su denuncia formal a la policía, pero por los índices de violencia en el país no es raro que alguien sospeche que podamos estar frente a una situación en que la persona que haya desaparecido, pueda aparecer fallecida", dijo Miguel Enrique Velázquez, médico forense y jefe técnico del Departamento Académico y Estadístico del Instituto de Medicina Legal.

La violencia generada por las maras y el narcotráfico están estrechamente relacionadas con las desapariciones.

De acuerdo al informe de la Policía Nacional Civil (PNC) revelado en enero de este año, el 2011 cerró con un total de 4,354 asesinatos, lo que representó 367 homicidios más, en comparación al 2010. Las estadísticas finales de 2010 arrojaron que un total de 3,987 personas fueron asesinadas. El promedio diario de personas asesinadas es de 11, en un país con una población de 6.2 millones.

Ante tal realidad, es que el dolor y la angustia de los familiares de los desaparecidos aumenta y se refleja todos los días en los cuadernos de una oficina pequeña que recolecta los datos personales de los desaparecidos. Preguntan de todo. Desde su edad, estatura, alguna marca de nacimiento, tatuaje o cualquier otra señal que permita reconocerlos.

Además, la fecha en que desaparecieron y en dónde; todo eso queda registrado en esas libretas de apuntes.

Pero eso no es suficiente para los familiares. Ante la desesperación, Medicina Legal también ha habilitado dos áreas en donde los familiares pueden poner la foto de sus seres queridos acompañados de sus números de teléfono por si alguien los ha visto y les ayuda a encontrarlos.

La gran demanda de estas zonas de expresión ha hecho que Medicina Legal tenga en sus planes habilitar otras dos oficinas.La PNC no lleva registros o estadísticas sobre cuántas personas desaparecen a nivel nacional. El subcomisionado Howard Cotto, quien hasta principios de este año fungía como jefe de la unidad de investigaciones de la misma, dijo que no sabía cómo Medicina Legal llevaba esas cifras y hasta aseguró que los casos que La Opinión le presentó durante la entrevista, son hechos aislados. Pero la realidad va más allá de lo que digan los jerarcas.

Para los policías que patrullan o que dirigen las diferentes delegaciones policiales en las zonas de Soyapango, Apopa, Ilopango, Tonacateque, Quezaltepeque y Lourdes Colón, los desaparecidos son una realidad que se vive casi a diario en estas municipalidades.

Uno de los policías de la estación de Las Margaritas, a quien identificaremos como Saúl, porque pidió que no se relevara su nombre para no meterse en problemas ni con las maras ni con sus jefes, explicó que se toma la denuncia y se anotan los datos de la persona desaparecida por si acaso aparece algún cadáver, pero que no tienen personal ni tiempo para investigar las desapariciones.

"Aquí nadie desaparece por que sí. No estamos en Estados Unidos en donde la gente se puede perder o la persona simplemente se va a otra ciudad a buscar trabajo sin avisarle a nadie. Aquí no es así. Aquí, la gente es muy apegada a su familia y si se van para los Estados (Unidos), hay planificación. La gente que desaparece de seguro ya está muerta", aseguró el policía.

Los familiares de los desaparecidos viven a diario esta realidad y por eso su búsqueda se extiende a otros lugares, como la morgue.

Homero (nombre ficticio para proteger su identidad), policía de una de las colonias más violentas de Soyapango, quien viste chaleco antibalas como parte de su uniforme diario, dijo que los pandilleros han incrementado el nivel de "sofisticación" de sus delitos al punto que han creado cementerios clandestinos en parques públicos, zonas verdes, cafetales y en las diversas casas de las que se han apropiado para llevar a cabo su fechorías y las que actualmente son llamadas casas "destroyer".
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