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Camino a Harvard










Selene Rivera | 5/31/2012
Hoy de Los Angeles

Cuando la inmigrante salvadoreña Ana Samayoa cuenta en su trabajo que su hija va ir a estudiar este verano a la prestigiosa universidad de Harvard en Boston, piensan que está delirando, o tal vez haciendo una broma inocente.
“Yo creo que piensan que estoy loca”, dice sonriente dentro de su casa en Hollywood la madre de Karla Samayoa, la estudiante con mejores notas este año de la Preparatoria de Hollywood, y quien recientemente decidió aceptar la beca estudiantil de Harvard por encima de las otras ofertas que llegaron de Yale, Princeton y Stanford, entre muchas.
“Fueron 13 universidades las que la aceptaron”, añade con una amplia sonrisa la señora Samayoa. “Yo sé que me va a hacer falta cuando se vaya, pero esta oportunidad no se la dan a cualquiera”, agrega, esta vez con lágrimas en sus ojos, mientras sujeta la mano de su Karla.

Para la también jefa de periodismo de dicha preparatoria, la emoción es casi igual o mayor que la de esta mujer.
Al ver a su madre hablar, aprieta más su mano y empieza a narrar cómo ella y su padre, Carlos Samayoa, han sido su inspiración para lograr esta meta que parecía francamente imposible.

Ambos, originarios de El Congo, en El Salvador, emigraron a Los Ángeles como otros miles de compatriotas suyos que huían de la cruenta guerra civil que tuvo ese país en la década de los ’80.

“El sacrificio mayor que mis papás han hecho es trabajar todo el tiempo”, sostiene Karla. “Me inspiró verlos trabajar hasta 6 días a la semana, ver el trabajo difícil de mi mamá y ver a mi papá que, aunque llegaba cansado, siempre estaba dispuesto a ayudarme, sin importar lo demás”.

Como muchas familias latinas en el Sur de California, pagar una colegiatura en una universidad como Harvard resulta casi imposible debido sus elevados costos.

De no haber tenido la beca, los Samayoa tendrían que haber desembolsado más de 56 mil dólares anuales –basados en sus ingresos- para tener una educación en dicha universidad, de donde se han graduado presidentes de este país, senadores y congresistas, y que ha sido cuna de varios premios Nobel y Pullitzer.

“Yo cómo pago algo así”, comenta Carlos Samayoa, el orgulloso padre de familia que aún no termina de creer que su hija va a tener una educación de tan alto nivel. “Por suerte, sólo vamos a pagar $1,600 al año”.
De acuerdo al Departamento de Ayuda Financiera de Harvard, cerca de 172 millones de dólares se darán en el año fiscal 2012-2013 para estudiantes de familias con bajos recursos como los Samayoa.

Abogada o politologa

Karla aún no tiene claro si se inclinará a estudiar Leyes o Ciencias Políticas. El debate y el discurso parecen ser su fuerte, según explica ella misma.

Su ensayo explicando qué significa ser latino más allá de tener un mismo lenguaje o culturas parecidas y su búsqueda por definirlo fueron las claves para que estas universidades aceptaran su solicitud, añade.

Eso, aunado a su excelente currículo académico, su envolvimiento en el quehacer estudiantil, sus raíces humildes como hija de inmigrantes y su participación en programas extraeducativos, la ayudó a estar donde hoy se encuentra.
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