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La puntualidad de Jorge El Mágico González

Por José Manuel Ortiz Benítez

El fin de semana pasado, Roberto celebró su cumpleaños. El cumpleañero, ex jugador del Alianza, quiso celebrar su medio siglo de vida junto a sus amigos y familiares.

Oscar, quien tiene un ranchito en la playa, actuó de anfitrión.

La cita estaba prevista para las 1 de la tarde, incluía almuerzo, merienda y cena.

Cuando los primeros invitados empezaron a llegar, el ex jugador del Antel ya andaba merodeando por el jardín en busca de un balón.

Esto puede servir, dijo El Mágico González, en ese tono desestresado, tan típico de su personalidad.

Minutos más tarde, cuando todos los invitados habían llegado al lugar, El Mágico González andaba dando tumbos con un artefacto llamativo entre los pies.

El Mágico hizo una pirueta rara y, de repente, estrelló el artefacto contra la pared.

“Tres a cero”, le dijo El Mágico al socio de 8 años con el que estaba jugando un intenso amistoso bajo el sol.

Ahí podemos echar otra pachanguita, dijo el ex santaneco, media hora después. Bajó de lo alto del barranco, tiró la camisa en cualquier lado y se puso en sesión de calentamiento en una playa llena de cantos.

Primero se llevó la melena castiza hacia atrás, hizo unos movimientos de estiramiento, después se echó 80 abdominales y terminó con una ráfaga de 44 pechadas, sobre la arena del mar.

Una vez realizado el calentamiento, dijo que era momento de darse un zambullón. Se resbaló en el agua como un lagarto y, al rato, apareció como un topo en el otro lado de la playa. Se revolcó en la arena y se fue a buscar la camisa y unas gafas oscuras que siempre lo acompañan.

Ahí está la ducha, le dijo su asistente, un salvadoreño con un tatuaje en el brazo izquierdo, que llevaba una gorrita de comandante puesta al revés. El asistente parecía muy atento, con aires de poliglota.

Yo soy el que le lleva la agenda, dijo, cumplidamente.

Ya es hora de volver para comer, replicó El Mágico, después de pasarse la cara sucia por la ducha, instalada bajo un almendro.

Por aquí, dijo el poliglota. La playa ya me dio hambre, decía el Mago.

Pasamos por una zona privada, pero El Mágico giró repentinamente de trayecto. “No quiero que piensen que andamos rentiando”, dijo el ex mundialista.

Al volver, había arroz, queso, carne azada y cerveza esperando sobre la mesa.

Yo no tomo, dijo el Mágico, sobrio como un atleta de Dios.

Después del festín, El Mágico se encestó en una camiseta negra de Pink Floyd, que ponía en letras blancas, “The Dark Side of The Moon”.

La sesión fotográfica del Mágico con los invitados del cumpleañero arrancó a las 3:30 de la tarde.

A las 4:10, Mágico González se despidió apenadamente de todos los presentes. “No quiero llegar tarde a la cita, que tengo a la 5:00 de la tarde en Santa Tecla,” dijo.

Con una mochilita oscura desgastada en las espaldas, El Mágico González despareció entre los matorrales, insistiendo tenazmente en la importancia de la puntualidad.

Otros artículos de este autor Aquí – José Manuel Ortiz Benítez es columnista salvadoreña
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2 comments :

  1. Magico Gonzales es nuestro maximo representante dentro de los deportes a nivel internacional, es un tipo que sabe estar siempre con humildad.

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  2. "Yo no tomo, dijo el Mágico, sobrio como un atleta de Dios."

    SEGURO QUE ESTAMOS HABLANDO DEL MISMO MAGICO¡¡¡¡¡

    ReplyDelete

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