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Todavía no aprendemos


El diluvio que inunda a El Salvador está dejando muerte y destrucción en su paso. Los daños materiales se podrán reparar, pero no la perdida de vidas. Familias enteras han quedado sin techo, y ya en una delicada situación económica, la gran mayoría de estas personas se hundirán aún más en la pobreza.

El Salvador, como el resto de países centroamericanos, tiene la dicha de recibir agua del cielo. Pero, desgraciadamente, la fuerza de la naturaleza es tal que cada vez que hay un temporal, tenemos que lamentar la perdida de vidas humanas y la destrucción de bienes materiales. Es así que en lugar de ser una bendición, el excedente de agua que cae del cielo nos trae más pobreza. Nos trae muerte y destrucción. Las lluvias, temporales y huracanes afectan más aquellos que, por necesidad o por capricho, han construido sus casas en terreno que es vulnerable a sufrir deslizamientos, derrumbes, etc. A lo ancho y largo del país, hemos destruido bosques para construir viviendas, y esto lógicamente, ha hecho que muchas urbanizaciones estén propensa a sufrir daños cuando hay demasiada precipitación de agua. Además, los más afectados son los pobres porque ellos carecen de los recursos para construir viviendas en terrenos firmes y seguros. Muchas veces, ellos están obligados a vivir en orillas de quebradas y ríos, dónde el peligro aumenta cuando llueve sin parar por una semana.

Decir otra vez que El Salvador todavía no ha aprendido la lección de otras tragedias, como el Huracán Mitch, es como hablar de la soga en la casa del ahorcado. Después de una tragedia natural, los políticos se acusarán mutuamente, echándose la culpa por la falta de un sistema de prevención de riesgos que pueda evitar o reducir la pérdida de vidas y daño material.

Países que están propensos a sufrir desastres naturales, ya sean huracanes o terremotos, deben planificar y actuar para reducir la posibilidad de pérdida de vidas humanas. Sería absurdo y contraproducente no actuar en ese sentido. En el caso de El Salvador, hemos permitido vivir en la improvisación, sin ningún plan que cada persona entienda y pueda seguir durante un desastre natural. Además, éste es un país dónde cada quien hace lo que quiere, especialmente si tiene dinero o amigos en el gobierno. Es por eso que hemos permitido que bosques enteros sean destruidos para construir urbanizaciones, lo cual aumenta aún más el riesgo de pérdida de vidas. Es tal la improvisión, que el actual gobierno ni puede coordinar la ayuda internacional a los afectados.

Bajo las actuales circunstancias, sin liderazgo político, es posible que se politice la ayuda internacional. Sería una verdadera bajeza que se le ponga color político a las donaciones que hacen la gente de buena fe, aquellos países y personas que son solidarios con el pueblo salvadoreño.

Sería bajeza también hacer política en medio del dolor que estamos sufriendo los salvadoreños. Sin embargo, no podemos continuar ignorando al elefante en el cuarto. Son los políticos los que deben proveer el liderazgo para persuadir al sector privado, a la sociedad civil, en fin a todos los actores, para que El Salvador pueda diseñar e implementar un programa efectivo y racional que nos permita reducir daños físicos y materiales cada vez que venga un temporal. Ciertamente, no existe ningún país que pueda proteger cien por ciento a su población de desastres naturales, pero después de vivir por siglos con las lluvias, los salvadoreños debemos haber aprendido ya a construir urbanizaciones dónde no se corra peligro cuando venga un temporal. Pero, como siempre suele ocurrir, los que mueren y sufren pérdidas materiales debido a desastres naturales en El Salvador son los pobres, aquellos que no tienen otro remedio que construir sus casas a la orilla de un barranco o río.

Es triste, pero al menos que podamos importar la clase política de países dónde sí han aprendido la lección de prepararse y no improvisar ante las fuerzas naturales, El Salvador tendrá que seguir llorando a sus muertos y sumiéndose en la pobreza.

© 2011 Manuel García
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1 comment :

  1. Ciertamente, penoso y lamentable que cada año se repita la historia. Unido a ello,las consecuencias del calentamiento global, propiciado por la misma mano humana.
    Desgraciadamente los partidos principales están haciendo campaña política, manipulando la tragedia de la gente. Tal es el caso de varias famílias que fueron desalojados por la Alcadía de San Salvador, en pleito con GANA, por la distribución de ayuda partidaria.

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