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El Salvador, el recuento trágico

Recuento
Por José Manuel Ortiz Benítez

Nuestro diminuto país es como un caserío al borde de un barranco, de donde cuelgan grupos de vi-viendas desordenadas, según la posición del sol. Quiero decir, nuestro país todavía tiene enormes aprietos a la hora de definir una división territorial efectiva para combatir el subdesarrollo humano que nos caracteriza frente a otros países como Chile o Costa Rica.
A pesar de los avances, nuestra historia sigue siendo una pequeña tragedia griega.
Tradicionalmente, nuestro cantón estaba operado por pequeños clanes familiares de gran poder que de alguna manera heredaban el aparato productivo de sus antecesores.
El andamiaje productivo se fue heredando de unos a otros hasta que se creó un sistema insostenible para la gran mayoría de los salvadoreños.
Se creó una primera masacre allá por 1932. El sistema de insostenibilidad se mantuvo a toda costa por los clanes, por acción u omisión, hasta que a mediados de los 70, empezamos a armarnos y matarnos unos con otros por causas que ahora ya nadie recuerda.
Antes de finalizar la década de los 80s, ya habían más de 70,000 masacrados, 1,000,000 refugiados, 15,000 desaparecidos y una economía destructiva que creaba cientos de miles de ciudadanos misera-bles. La insostenibilidad había tocado su punto más álgido.
Nuestro embajador de la lengua ante la Real Academia Española lo llama, perfeccionamiento de la ex-periencia salvadoreña. Otros más realistas lo llaman error de cálculo de los clanes familiares.
Después de la miseria económica y del gran baño de sangre colectivo, el 16 de enero de 1992, el can-toncito centroamericano demostró al mundo que todavía le quedaba un pellizco de tolerancia y creati-vidad para resolver una guerra endemoniada, que destruía sueños, esperanzas y vidas inocentes todos los días.

Al entierro del conflicto armado le siguieron 20 años de promesas de paz y prosperidad. Se crearon carreteras, puentes, aeropuertos, sistemas de comunicación y una gran red de corrupción masiva en la mayoría de nuestras instituciones públicas.
Ya no nos gobiernan los clanes familiares de antaño, pero esa zarza de corrupción masiva construida a lo largo de todos estos años perdura hasta el día de hoy.
Como dice el poeta, el perfeccionamiento continúa.

Otros artículos de este autor aquí - José Manuel Ortiz Benítez es columnista salvadoreño
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1 comment :

  1. Aqui estamos mal y vamos a peor.

    Vamos para atras como el cangrejo

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